Calvin y Hobbes es uno de esos grandes cómics que marcaron su época y que se siguen afianzando durante años más como referentes absolutos. Difícilmente haya algo mejor que Calvin y Hobbes, Peanuts y Mafalda.
Calvin y Hobbes cuenta la historia de un niño de 6 años (Calvin) que imagina que su mejor amigo, un tigre de peluche, es un tigre viviente (Hobbes). Juntos viven aventuras todo tipo, aquí y allá, cruzando el tiempo para volver a la época de los dinosaurios, o allá viajando en el espacio: Con el empuje de la imaginación de un niño rebosante de energía.

Binomio sin igual
Hobbes, que toma su nombre del famoso filósofo materialista Thomas Hobbes, es una figura establecida desde la razón, a menudo un observador, siendo quien aporta un poco de cordura al absurdo de irrealidad en la que evoluciona Calvin.
En tanto Calvin toma su nombre de Juan Calvino, un reformador cuya doctrina se basa esencialmente en el principio de la soberanía de Dios. Dios está en el centro de todo, Dios dirige todo.

Dos ideologías que se oponen desde el principio. Con Hobbes, el espíritu no tiene lugar, todo es materia, el alma no existe. Con Calvin todo está ligado a Dios, todo se explica a través de Dios. Esta dicotomía se encuentra en la totalidad de la obra de Watterson, donde Calvin, a través de su imaginación, controla casi todo. Porque Calvin es su propio Dios. Un dios salvaje.
Calvin se libera cuando se pierde en sus pensamientos. La realidad es un absurdo donde Calvin no entiende nada sobre los adultos y su universo, no comprende por qué tiene que ir a la escuela, por qué tiene que hacer sus deberes, por qué la Tierra ha sido contaminada por adultos , y especialmente por qué son los adultos quienes le imponen un sistema opresivo que no eligió: La escuela.

Bill Watterson, el hombre que creó a Calvin y Hobbes
Fue mientras trabajaba en publicidad cuando Bill Watterson aprovechó su tiempo libre para empezar a dibujar las aventuras del pequeño Calvin acompañado de su tigre Hobbes.
En 1985, Calvin y Hobbes fueron publicados por primera vez, consolidándose como un éxito rotundo. A finales de 1986, eran 350 los periódicos que publicaban la obra de Bill Watterson en los Estados Unidos. En 1991, no menos de 1.800 periódicos publicaron la serie. En total, hasta 2.400 diarios y periódicos publican Calvin y Hobbes en todo el mundo.
Deseoso por controlar plenamente su trabajo, pero no queriendo además que Calvin y Hobbes sean víctimas del merchandising del que fueron víctimas los Peanuts, Watherson supo entrar en guerra con su editor para proteger su obra y trabajo, lejos de las garras de financieros sin escrúpulos.

En 1995, en pleno apogeo de su obra, Bill Watterson, al igual que nuestro querido Quino, considero ya había cumplido un recorrido junto sus personajes, después de 10 años en los que había alcanzado todo aquello que tenía para decir como autor.
Watterson supo ser un artista comprometido. La historieta es su medio, un instrumento de critica Socio-política al acecho detrás del alcance humorístico de la obra, con el objetivo de sacudir las convicciones y zonas de confort del lector mediante aquello que en apariencia es tan solo una simple tira de historietas.

La infancia en el corazón de la obra
Calvin y Hobbes es una de esas historietas que hablan de la infancia con una mezcla de verdad e imaginación. Sin embargo, Calvin es un ser profundamente egoísta. Watterson elige precisamente desarrollar las fallas de su protagonista para transmitir también su mensaje. El objetivo del autor no es solo hacer reír a los lectores a toda costa, sino generar reflexiones, alegría, melancolía… y en ocasiones tristeza.

Calvin odia su mundo, quiere ser rico y poderoso para hacer lo que quiere. En tanto este universo lo obliga a todo, el único escape de Calvin es su imaginación, donde en ocasiones explora el universo con su alter ego/ personaje Spiff, con aventuras de planeta en planeta, viajando con su tigre en una caja de cartón; inclusive clonándose a si mismo en esta misma caja multiproposito, y dejando que su clon para que vaya a la escuela en su lugar, pero su clon también se clonará a sí mismo exponencialmente, evitando consecutivamente el peso de las responsabilidades.
En ocasiones el imaginario de alto vuelo de Calvin lo encontrara transformado en un superhéroe, Hyperman, una especie de superhombre nietzscheano en todo su esplendor: Un nuevo ser que no responde ante nadie más que ante su propio código moral.


Calvin y Hobbes: el humor como punta de lanza
Watterson bien supo cómo manejar el humor, ya se trate de un simple chiste de tres viñetas, pasando por la sátira, el juego de palabras, mediante un reflexivo tigre de peluche y Calvin, un niño como todos los demás: adorable, completamente impredecible, alocado… acaso la representación misma del ser humano, muchas veces inconsciente de lo que sucede a su alrededor, con sus luces y sus sombras.
De los dos, sin embargo, la verdadera bestia es Calvin. Reacio a cualquier forma de disciplina, atrevido, exaltado, egocéntrico, megalómano y un poco psicótico . Un niño con la imaginación desenfrenada que muestra un ingenio ilimitado para no hacer sus deberes, o no irse a dormir temprano.

Lejos de la idea de establecer una marca comercial con sus personajes, Waterson se contentó con ofrecer al mundo su singular y gran obra, una historieta donde el humor franco conjuga con la ternura, así como la filosofía con la poesía. Un clásico esencial y atemporal, servido con un trazo ameno, simple pero virtuoso, principalmente en el formato de tiras en blanco y negro de tres o cuatro paneles, con el regalo de páginas dominicales a todo color.

Gracias por tanto, sr. Bill Watterson. Usted le hizo tanto bien a la humanidad.

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